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Dos
años después del derribo del Depósito de Aguas se materializan
las promesas realizadas desde el Ayuntamiento.
El entorno, ahora es jardín; los aljibes, ahora son "Museo del Comercio"; y el Depósito, ahora es un kiosco – bar, solución, esta última, bastante facilona, que adquiere tintes de esperpento cuando se recuerda lo que allí hubo.
Desde que a principios de 2003 comenzase esta obra, poco a poco se ha ido viendo una transformación radical desde el solar de barro y maleza hasta lo que es ahora: un pequeño espacio urbano, coqueto, limpio y, a falta de concluir las obras, bastante bien rematado.
Pero
desentona, ¿hay en algún barrio de Salamanca una plaza semejante
a esta?, ¿con éste derroche en granito, mármol y otras
piezas “embellecedoras” semejantes de mobiliario urbano? Sólo
se puede comparar a la Plaza de Anaya o a la de San Cristóbal. ¿Para
qué esta inversión tan cuantiosa? ¿Por qué?. En
su día los defensores del Depósito pusieron muy alto el listón,
y a ese mismo nivel, el Ayuntamiento se situó, por lo tanto hoy cumple,
si no, perdería crédito, el poco que le quedó tras la dura
campaña proDepósito.
El futuro, se supone, estará representado por el "Museo del Comercio".
Un edificio de espacio limitado que cuenta con la colaboración de la
Cámara de Comercio y el apoyo de los comerciantes del barrio. Será
un Museo de segunda categoría, porque Salamanca nunca tuvo una tradición
comercial como la existente desde el siglo XIX en Levante, por ejemplo, que
produjera piezas de excepcional relevancia o categoría para significarlas
en un
proyecto
museístico al uso, dimensiones y categoría de otros conocidos.
Como Museo, estará alejado de las rutas turísticas, y muy probablemente
deberán programar su espacio para actividades complementarias que sirvan
de atracción artificial a sus instalaciones.
Pero, a pesar de que son ya dos años los transcurridos, los vecinos todavía recordamos la figura del grandioso Depósito presidiendo la cotidianeidad.
Ahora, después del hurto arbitrario a la memoria histórica –para el barrio y para Salamanca-, queda el vacío, o la presencia de una arquitectura de ausencias, representada por este nuevo espacio público, que en absoluto ha sido capaz de rivalizar con su precedente arquitectónico al que presuntamente viene a sustituir, porque adolece de carecer de la singularidad de aquél.




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